Noche de Crisopeya
Crisopeya es el pub de unos amigos de larga data, si bien hoy en día nuestros horarios están cruzados como el día y la noche, me hago mi tiempo para ir de vez en cuando y verlos.
La puerta estaba abarrotada de gente, me produce mucha alegría que les vaya bien con el boliche. Luego de saludar al portero quien estaba preocupado por retener a la vorágine de garroneros que pretendían entrar sin pagar, entramos sin pagar, esta es otra de las bondades de Crisopeya y mis amigos.
Los dos pisos ya se estaba llenando, la música de Orishas movilizaba a unos pocos hip hoperos en el centro de la planta baja, el resto tomaba cerveza y alguno que otro estaba con una picada en la mesa.
La mixtura entre Bob Marley, Mateo, y los Redondos hacen de este refugio un lugar único, donde voy y paso horas y horas sin sentir el paso del tiempo.
Otro aspecto bueno que tiene Crisopeya son la mujeres, sin duda hay de todo, pero mas de una me ha atrapado hasta altas horas de la noche, con los típicos diálogos de boliche que hacen a la vida nocturna. Agustín no ha logrado salir un día sin una mujer, claro esta, siempre distinta, es fatal, donde pone el ojo pone la bala.
Ni bien llegamos nos fuimos para la barra.
- Johan ¿qué dice?
- Gonzus, ¿todo tranqui?
- Bien, en la vuelta – me di vuelta para ver que quería tomar Agustín y ya estaba enganchado en un dialogo con una mujer que al parecer ya la conocía – Me das una checha ¿y Santiago?
- Anda por ahí, debe estar arriba, ¿Carolina?
- Ni idea, supongo que andará en su casa, o con sus amigas.
- ¿Me perdí de algo?
- Largo de contar y no es buen momento.
- Comprendido, ya te traigo.
Luego de haber tomado un par de chechas y en los momentos libres intercambiar unas palabras con Johan, vi a Macarena, amiga de Carolina. El corazón se me subió a la boca, me dio el típico dolor de panza, aquellos que me daban cuando me iba a encontrar con Carolina en los primeros encuentros. Me puse nervioso, no sabía qué hacer hasta que la perdí de vista. La busque con la mirada y no la encontré. Hice la típica, -Johan voy al baño dejo esto acá-. Mientras caminaba con ojos hasta en la nuca, me pregunte porque estaba haciendo esto, ¿sería que quería saber de Caro, que quería hablar con ella sin tocar el tema Caro, que mierda me pasa?, nunca me había fijado en Macarena, no hay nada que me deslumbre, en más de una oportunidad me moleste con sus actitudes de mujer superada, pero verla me genero algo extraño.
Llegue al baño, entre y salí al toque, había varios hombres padeciendo los efectos de la cerveza y alguno que otro dándose algún saque.
Luego de recibir algunos codazos tratando de abrirme paso entre la gente, llegue de nuevo a la barra, prendí un cigarro mientras la cabeza me iba a mil, no entendía lo que me había pasado.
- Tenés fuego - Siento que alguien me dice desde mi derecha.
- Sí, tomá. – Al darle el encendedor me percaté que era Macarena. ¿Que hacés por acá?, ¿todo bien?, ¿con quién viniste?
- Eh... primero gracias, segundo, lo mismo que vos, vine a tomar una cervecita, tercero, todo tranqui, y vine con unas amigas, no te preocupes que Caro no vino, salió por otro lado, así que relajate, contame, ¿Vos con quien estas?
- Vine con Agustín, después de una limpieza en casa, media frustrada porque lo deje por la mitad.
- Me parece bien, te mereces una noche divertida, después de todo, trabajas tus buenas horas diarias. Bueno, me vuelvo para arriba, si querés date una vuelta, esta Hernán, el del liceo ¿te acordás de él?
- La verdad que no, pero cualquier cosa subo y refresco la memoria. Nos vemos.
- Dale.
La cabeza se me fue a mil, ¿Me pareció a mi o me tiro onda? Debe ser que hace tiempo que estoy solo y cualquier cosa la interpreto mal. ¿Qué me pasa?
- ¿Gonza en que andas? – Preguntó Agustín arrimándose a la barra a agarrar cerveza.
- No sé, debo estar loco, apareció Macarena,
- Vino con Caro
- No algo peor, la vi y fue rarísimo... dejala por esa, mañana hablamos cuando tenga las cosas un poco mas ordenadas.
- Contame, ¿qué paso?
- No sé me parece que me tiro onda o al menos quiero creer eso, la vi y salí a buscarla, pero no se si por Caro o por ella.
- Hay así te quería ver, todo un winer.
- No jodas, es amiga de Caro, no es cualquier mina.
- Dejate de joder, trata de pasarla bien un rato y no pienses tanto.
- No entendés nada, andate con la morocha que no te saca los ojos de encima. Aprovecha una vez que pescas algo como la gente.
- De cuerpo porque lo que es de cabeza no califica.
- La querés para filosofar o para matarla
- Vos dando clases y no sabes qué hacer con esta turrita
- ¿Turrita? Loco, no seas malo, es amiga de Caro.
- Pero si es como vos decís que te tiro los galgos, y siendo que con Caro las cosas están ahí, vos ves...
- ¡Dejate de joder!.
Algo de razón tiene, pero lo que me importa es lo que me paso, ¿porque se me movió todo? ¿Qué hago? ¿Voy para al frente? ¿Y si interprete cualquiera? Puedo quedar como el peor, más que quedar, soy el peor, la lastimaría mucho a Caro y por más que yo tenga claro que la cosa no da para más, no puedo mandarme una así. Si es por estar con alguien hay varias, no puedo caer justo con una amiga de Caro. Decidido! No subo y si me la vuelvo a encontrar le aplico un frízer.
- Johan, dame otra checha
- En que andas?
- ¿Por qué?
- Tu cara, la cervecita te pego para el bajón.
- No precisamente, pero viste como es, hace tiempo que no gozo de la soltería y cualquier cosa me impacta, no me acostumbro.
- Es tiempo, uno se acostumbra fácil a las cosas buenas de la vida. Ahí tenes una que mira y mira-
- ¿dónde?
- Atrás, date vuelta con disimulo
Macarena de nuevo, ¿qué hago? No son interpretaciones mías, me lo dijo Johan. La miro y la saludo y vuelvo a la charla con Johan, mierda, quedé regalado.
- ¡No me podés dejar así regalado hermano!
- Perdón, pero me pareció muy evidente.
- Evidente nada, es solo una amiga de mi novia... ex novia.
Los Redondos coparon Crisopeya y es el momento en que uno se olvida de todo y se mete como puede en el medio de la gente y empieza a bailar, nada importa, solo la voz del Indio que desgarra “El Pibe de los Astilleros”, no puedo parar de saltar, en eso de atrás se me tiran encima y me abrazan, trato de zafar y cuando me doy vuelta aliviado veo que era Agustín.
- ¡Ya falta poco hermano!
- Si, ¡aguante los redondos! – Y seguimos en un pogo que se agrandaba cada vez mas, a esto le siguió Vencedores vencidos y Ji ji ji, luego de esos temas, como extasiado volví a la barra.
- ¡Johan, traeme otra please!
- Che ¿te vas a Buenos Aires al final?
- Si, el viernes salimos, vamos con Agustín y el viejo.
- Que hijo de puta, lástima que nosotros no podemos cerrar, sino sabés como íbamos!
- Me imagino. Y bueno que se le va a hacer, te prometo que el primer tema te lo voy a dedicar.
- Demás.
La Vela Puerca es el motivo de baile ahora y varios son los que corean al “viejo divino”, mientras ahora solo observo el panorama, las mesas ya no existen, todo es baile y debe haber el doble de gente de cuando entré, no cabe un alfiler y el ambiente se pone cada vez más pesado. El alcohol y otros excesos se palpan en el ambiente, el Baño se ha tornado en una batalla de resfríos y para orinar es toda una odisea. Ya eran como las tres de la mañana, buena hora para irme.
Busqué a Agustín para comunicarle mi partida, obviamente estaba con la morocha de hoy.
- Agus, me voy. – Grité para que pudiera escucharme.
- No jodas, dale quedate un rato mas que te llevo.
- No, estoy muerto, me tomo un tacho, no hay drama en serio.
- Bueno dale amargo, siempre lo mismo contigo.
Me fui ignorando el reproche, pagué las cervezas y emprendí el camino a la salida.
Saludé de nuevo al portero, que seguía reteniendo gente entre empujones e insultos.
Ya en la vereda decidí caminar hasta Rivera a tomar un taxi.
Cuando Estaba por llegar a la esquina de Pablo de María y Rivera, siento que me tocan bocina de un auto que venía a mi costado, miré a ver quien era para ver si era Agustín, pero no, era su auto, era un Citroen Ax rojo, no conocía a nadie con ese auto y tampoco lograba ver a quien manejaba, en eso bajan el vidrio, Macarena al volante.
- ¿Vas para tu casa? Te llevo dale.
- No tenía razón alguna para decir que no, así que subí.
Durante los 10 minutos que duró el viaje, me dediqué a hablar del tiempo, de recalcar tres veces lo cansado que estaba y algún que otro comentario boludo hasta llegar a casa, agradecí de forma rápida, me bajé y entré a mi edificio.
Creo que nunca sabré si realmente me tiró onda esa noche o fueron alucinaciones mías, no quiero ni pensar que hubiera pasado si yo hubiese intentado algo, mejor no pensarlo…

No hay comentarios:
Publicar un comentario